Paseo por la Pinacoteca de Brera

Milán es una ciudad cargada de historia, arte, arquitectura y diseño de primer nivel, pero también de un estilo de vida bastante “impegnativo” como se dice en italiano, en el sentido de que deja poco espacio para disfrutar de esos aspectos, lamentablemente. Por fortuna, sin embargo, me pude dar el gusto de visitar la famosa Pinacoteca di Brera, donde se aloja una de las colecciones más importantes del arte veneto-lombardo (antiguo y contemporáneo) de Italia.

El edificio es ya de por sí cautivante, con el patio central gobernado por una escultura gigante de un Napoleón deificado al mejor estilo grecorromano y rodeado por una columnata en dos plantas. En la segunda planta, la amplia galería aloja esculturas y permite apreciar el resto de la arquitectura, de escala justa y estilo sin pretensiones.

Esta foto salió bastante bien, pero pido disculpas por adelantado por las que vienen. Definitivamente no mi mejor momento en fotografía.

Siendo una persona que prefiere siempre las sorpresas a la planificación previa por creer que la intuición y la no programación logra elevar el nivel de la experiencia, ni siquiera me molesté en estudiar con anterioridad qué obras estaban contenidas en la colección y con qué cosa me iba a encontrar más que el titular “una de las mayores colleciones de arte veneto-lombardo”. Por eso empecé inocentemente saboreando cada uno de los cuadros, dípticos y trípticos con sus dorados y colores brillantes y santos siendo martirizados en las formas más variadas y perversas sin saber que lo que me esperaba eran dos horas y media más de santos, madonninas, pietàs y cabezas de San Juan el Bautista en sus diversas variantes, ya que el 97% de la colección es arte sacro. En fin.

La muestra en vigencia era sobre Bramante y tengo que admitir que me esperaba más, mucho más, pero lo más atractivo que encontré fue un dibujo a mano de una figura humana en una hoja de papel de un tamaño no mayor a 12×25 cms. Continuamos.

Ya entrados en el Renacimiento, el primero que me llama la atención no es otro que Il miracolo di San Marco, de Jacopo Robusti alias Tintoretto. Brutal la perspectiva, el uso de la luz, el misterio de los tipos que están abriendo una puerta en el suelo al final del pasillo…a googlearlo porque no saqué foto.

Pasando a otra categoría, la de la naturaleza muerta (que no es precisamente mi categoría favorita sobre todo en la faceta animales muertos), hay que hacer mención especial por el esfuerzo a Vincenzo Campi y su Fruttivendola, pero en mi opinión no logra representar fehacientemente el peso de las frutas.

Lo que me llevó a pensar, por ejemplo, en La Pietà de Miguel Àngel y la magistral representación (entre muchos otros atributos) de algo tan poderoso pero a la vez tan invisible como la gravedad y la forma en que las cosas la evidencian al deformarse bajo su efecto.  Evidentemente no es soplar y sacar botella.

El que logró bastante bien fue Evaristo Baschenis en su – atentos al originalísimo nombre – Natura Morta.

Ya que estamos hablando de cosas un poco macabra, siempre me llamaron la atención las pinturas del tardo 500, por lo general de la escuela flamenca pero que por lo visto tuvo sus adeptos también en Italia, cuyos autores se empeñaron en representar los rostros de los humanos en una manera bastante perturbadora/caricaturesca. En estos casos el primero en el que pienso es siempre Peter Bruegel, pero en Italia estaba el anteriormente mencionado Vincenzo Campi, esta vez con Cucina.

Un género sobre el que tengo que admitir que no había reparado antes y que quizá ni siquiera es un género “oficial” sino que me lo inventé yo, es el de lo que llegué a llamar “Escultura pintada” o “Pintura esculturizada” y que también me recuerda mucho a la técnica del grabado. Me avisan si el término ya está acuñado o hay copyrights involucrados.

Algunos ejemplos:

Lorenzo Leonbruno, Allegoria della Calunnia (aunque en el marco dice Allegoria della Fortuna). Vamos, que cualquiera se da cuenta que no es de lo más agraciada, pero aprecio la técnica.

Y este otro de Perin del Vaga, Il passaggio del Mar Rosso:

Sin querer queriendo me encontré con la primer “gran” obra maestra en el recorrido, Lo sposalizio della vergine de Rafaello Sanzio. Un clásico que estudié en diferentes cursos desde diferentes puntos de vista, desde dibujo por el uso innovador de la perspectiva a historia de la arquitectura según el método iconográfico. Rafaello siempre me emociona, y esta vez no fue la excepción.

Pasé fugazmente por muchas obras “supersize” pero que son demasiado esfumadas para mi gusto como la siguiente. Lamentablemente no tomé nota de obra ni autor. Para ambos, mis mayores respetos.

Prefiero estilos más definidos, como el de Guido Reni en I santi Pietro e Paolo, a pesar de que las telas está un poco acartonadas, la definición y el realismo es mucho mayor, tiene más profundidad de luces y de planos.

Uno que cada vez se está ganando un puesto cada vez más alto en mi lista es el milanés Michelangelo Merisi alias Caravaggio. Si bien siempre lo tuve en mente como uno de los grandes maestros clásicos, no había reparado particularmente en ninguna de sus obras, hasta que vi su Cattura di Cristo en la National Gallery of Ireland en Dublín y tuve que prácticamente despegar mis ojos de la pintura con las manos para poder seguir adelante porque no me cansaba de verla. En la Pinacoteca hay muchas de sus obras, como por ejemplo La cena di Emaus.

Admiro la capacidad de transformar escenas míticas en escenas de la vida cotidiana en una forma tan realista y a una escala tal que nos hace sentir partícipes de la escena. Bonus extra por no poner los aritos alrededor de las cabezas.

Uno que admiré particularmente fue La Madonna col figlio, Santi e Dottori della Chiesa de Girolamo Genga, por la forma en que el grupo celeste flota “pesadamente” sobre el segundo y por un detalle particular en la esquina inferior derecha que me parece adorable y bien logrado.

Respeto el arte y el talento, y no quiero despreciar el logro que es ser expuesto en nada menos que la Pinacoteca de Brera, pero a veces una está de buen humor y se encuentra con un ejemplo que la hace tener que contener la risa. Cosme Tura, Cristo Crocifisso:
No sé ustedes, pero yo no veo otra cosa que Jesús haciendo bungee jumping y que me quemen en la hoguera por hereje y blasfema.
Pasando a una nota diametralmente más seria, me interesó mucho Il martirio dei frati Francescani a Nagasaki de Tanzio da Varallo, como si no hubiera pruebas suficientes de que basta un poco de curiosidad para aprender mucho más que solamente de pintura cuando uno va a un museo.
 La historia parece haber sido que el gobierno de fines del SXVI en Japón (shogun) prohibió la predicación de la religión católica por miedo a que se repitiera lo que había sucedido poco antes en Filipinas, donde los españoles habían logrado establecerse en el poder luego de que toda la población se convirtiera al cristianismo, so pena de muerte (preferiblemente por crucifixión, aparentemente para mantener cierta coherencia) para todo aquel que se atreviera a hacerlo. Los 26 de Nagasaki (entre misioneros, catequistas y colaboradores, tanto adultos como niños) fueron la primer tanda, el 5 de febrero de 1597. Cuanto más me esfuerzo, cuanto más leo y me informo, más lejos me siento de ser capaz de entender las persecuciones, torturas y genocidios varios por motivos religiosos.
Y ya que estamos me quejo de no haber visto ninguna obra hecha por una mujer.
Encontré y admiré muchas obras de Giovanni Antonio Canal alias Canaletto, únicas.
Veduta del bacino di S. Marco:
Veduta del Canal Grande:
Le saco un par de puntitos porque vista de cerca, el agua no me parece del todo bien lograda. Me convenció más cómo la hace Francesco Guardi en Veduta del Canal Grande, aunque, a juzgar por la inquietud del cielo, no parece que haya sido una persona muy relajada:
 Y en la sala donde nos recibe un poster gigante de una película del Lejano Oeste protagonizada por Brad Pitt…
 …me encuentro, de sorpresa, con esta obra con la que sin querer tengo una conexión especial y no sólo porque es un imán que está pegado a una heladera que abro bastante frecuentemente: Il Bacio de Francesco Hayez.
Hablando de capacidad de representación…la intimidad del gesto junto la perfección y realismo del tejido, no logran otra cosa que hacernos partícipes de un momento y a la misma vez hacernos sentir que quizá no deberíamos estar presenciándolo.
Antes de terminar el recorrido me detuve en una obra ya un poco más moderna, Pascoli di primavera de Giovanni Segantini (el efecto fuera de foco es todo mérito de mi pulso):
Mucho había leído sobre el puntillismo pero poco y más bien nada sobre el divisionismo o cromoluminarismo de la pintura neoimpresionista que, en vez de mezclar los colores antes de apoyar el pincel sobre el lienzo, usaban los colores puros en hilos de espesor milimétrico y los agrupaban de forma tal que dejan al ojo la tarea de mezclar los pigmentos y formar el color. Básicamente el puntillismo funcionaba de la misma forma, pero nunca había tenido la oportunidad de ver una obra que usara esta técnica de los hilos ínfimos. Impresionante, justamente.

Y para terminar, los dejo con algunas vistas random de las salas.

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