El destino final II: cementerios, tumbas, mausoleos y camposantos

La propuesta de hoy es un veloz viaje alrededor del mundo para ver diferentes formas de disponer de los despojos mortales humanos.

Empezamos por lo más lejano: los cementerios japoneses.

Los cementerios japoneses se basan en los preceptos de la religión sintoísta y son, como todo lo japonés, perfectos, ordenados y limpios. Además de parecer una ciudad en miniatura para seres a escala 1/10. Cada tumba se caracteriza básicamente por el gran bloque de piedra tallado con inscripciones varias, un lugar para las velas o el incienso y se observan a veces objetos como ropa, libros, etc. que no me queda claro si pertenecían al difunto o simplemente se ponen como ofrenda como lo hacen, aunque con algunas variaciones, los chinos, que queman papeles que parecen dinero, o vestidos de papel o comida de papel con la esperanza de que les llegue a los del otro lado en forma de humo.

Nos “acercamos” un poco más y vamos a la India, donde teóricamente no se podría hablar de cementerio en el sentido occidental de la palabra ya que el objetivo es deshacerse del despojo físico de la vida humana y basta.

Tomemos como ejemplo Varanasi, a orillas del sagrado Ganges, a lo largo del cual se disponen diversos crematorios. Para los hinduístas, el ser cremado y arrojado al Ganges aumenta las posibilidades de una reencarnación en un nivel más elevado, por lo que muchas personas viajan desde muy lejos con los restos de sus seres queridos para poder cremarlos en uno de los crematorios a sus orillas.

El siguiente es uno de mis favoritos: Pashupatinath, en Kathmandú, Nepal, que constituye un verdadero complejo mortuorio con templo y hospital de moribundos incluído, para ahorrar en transporte.

Vale agregar que es el primogénito varón el que se encarga de la cremación, previo baño y rasurado de cabellera, y debe usar un vestido blanco tipo toga en señal de luto. Sólo los hombres pueden participar de la cremación y es obligado el baño antes de volver a la normalidad, ya que el ritual de cremación se considera altamente impuro.

Como mucho, como en el caso de Gandhi, se hace un memorial en el lugar de la cremación.

Nos acercamos un poco más aún y vamos a los cementerios musulmanes. En mi paso por tierras del medio oriente no tuve la oportunidad de visitar ninguno (excepto grandes memoriales). Los primeros, y hasta ahora únicos, que he logrado visitar fueron en Sarajevo y son verdaderamente fascinantes, no tanto por la estructura sino por el entorno y, obviamente, la historia que representan.

El Veliki Park o Gran Parque está ubicado al oeste de la ciudad y era antiguamente un cementerio musulmán. En prácticamente toda la extensión del parque se pueden ver tumbas de cientos de años de antiguedad.

Pero el más increíble, en mi opinión,  y sobre todo por las espectaculares vistas de los alrededores que brinda, es el cementerio Alifakovac, que es prácticamente tan viejo como la propia ciudad.

Las tumbas constan de un bloque de piedra tallado, y muchas poseen lo que yo llamo turbante en la parte superior, dándole el toque de particularidad.

 

En Croacia, específicamente en Spalato, me encontré con este cementerio judío absolutamente fascinante, también por el entorno, ya que se ubica en una colina apenas afuera de la ciudad, desde la cual se tiene una vista increíble de toda la bahía y la ciudad. Una lástima que no se vea en las fotos.

Acá pasamos a una tipología de simple lápida rectangular con inscripciones, con sólo algunas excepciones. Lo que me llamó la atención fueron las piedritas (y demás objetos, como por ejemplo un encendedor) que observé prolijamente ordenadas sobre las tumbas. Luego de una pequeña investigación me enteré de que aquellos que visitan las tumbas, en vez de dejar flores, dejan las piedritas u otros objetos como forma de indicar su visita y su recuerdo del difunto. Se aceptan correcciones en caso de que esta información no sea correcta.

Y ya que hablamos de cementerios judíos, no podemos dejar de mencionar el famoso Cementerio de Praga, el único cementerio público que he visitado en toda mi vida donde hay que pagar una entrada para entrar.

Su particularidad reside en que, debido a la falta de espacio y a la prohibición religiosa de mover de lugar las tumbas, se fueron agregando diferentes capas de tierra una arriba de la otra para alojar nuevas tumbas, generando un pintoresco hacinamiento de lápidas y un cementerio que se eleva prácticamente dos pisos desde el nivel de la calle.

Hace unos días decidí finalmente darle una ojeada al cementerio de Stradella (Provincia de Pavia, Lombardia), ya que tuve un poco de tiempo y prácticamente desde que estoy frecuentando estas latitudes he sentido siempre mucha curiosidad por los  cementerios de la zona, tan pequeñitos, introvertidos y particulares, sobre todo con las velas (algunas a batería, yikes) encendidas de noche o cuando hay una niebla muy densa.

La configuración básica de los cementerios de esta zona es una planta por lo general cuadrada o rectangular (en muy pocos casos he visto semi-circunferencias), con un ingreso principal y a veces dos secundarios, por lo general sobre la misma fachada que el principal pero de menor escala.  Todos tienen por lo menos un eje principal bien marcado que coincide con la puerta principal. Pueden tener o no ejes secundarios, dependiendo de la escala.

Los limita exteriormente un muro (a veces en los cuatro lados, a veces en tres, con la fachada principal con rejas en vez de muro), que puede contener nichos varios, panteones familiares o pequeñas capillas.

En algunos casos, sobre todo en los cementerios más grandes como éste, subterráneamente, a lo largo del muro principal, se disponen los nichos correspondientes a los panteones en la superficie. Éstas, en particular y gracias al pasillo sin salida (una vez que uno llega allá al fondo se da cuenta de que no hay ninguna puerta y tiene que recorrer nuevamente el pasillo sorteando todos los posibles zombies, espírituso malignos y demás seres de ultratumba que se puedan interponer en el camino hacia la salida), resultó ser bastante perturbador.

En el espacio central se disponen ordenadamente las tumbas a tierra.

En la zona, pero en la región de Emilia-Romagna, encontramos el Cementerio de Módena, proyectado por nuestro querido Aldo Rossi. Es una obra que elevó por sobre su tipología para transformarse en un clásico de la arquitectura contemporánea y una obra icónica de su diseñador. Con su estilo despojado y formas icónicas no directamente identificables con una corriente en particular sino que resuenan en nuestra memoria colectiva, generan una sensación de surrealismo e intemporalidad brutales.

Empezando por el osario, con sus incisiones cuadradas al exterior pero que dentro generan aberturas en forma de cruz cristiana.

Siguiendo con la contemporaneidad pero más norteña, tenemos el Cementerio de Estocolmo, obra maestra del arquitecto Gunnar Asplund.

Se podría decir que tiene ciertas resonancias con el Cementerio de Módena en cuanto al despojo e intemporalidad, pero en vez de apuntar al surrealismo, tiene toques más poéticos y me atrevería a decir hasta románticos, con algunos gestos un poco más dramáticos como la gran cruz de la entrada que hace de cruz común para todas las tumbas allí contenidas.

Dramático grupo escultural en el crematorio.

Por lo demás es bastante estándar.

Excepto por alguna que otra tumba famosa.

Y el sueño de todo arquitecto: se enterrado dentro de su propia obra maestra.

Siguiendo en la zona norte, pero esta vez en América, les muestro el pequeño y antiguo cementerio de la Trinity Church, cerca de Wall Street en Nueva York, que hoy cumple doble función como lugar de pausa en medio del caos de la Gran Manzana.

 Yo siempre me las arreglo, sea donde sea, para encontrar algún que otro guiño a la masonería, pero en Estados Unidos  están a la orden del día.

Y hasta aqui llegamos, señoras y señores, con nuestro pequeño viaje por los cementerios del mundo. Nos vemos en la próxima entrega que será dedicada a los enterramientos monumentales.

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