ExpoMilano2015_Bite I

Menos mal que, habiendo esperado unos cuantos meses antes de finalmente hacerme el tiempo para ir a la Expo, ya tenía bastante claro con qué me iba a encontrar. Obviamente que eso puede ser positivo o negativo (diría más bien negativo), pero al menos el hecho de ser consciente de la marea de gente que estaría presente hizo todo el proceso un poco menos insoportable y frustrante, sobre todo por el hecho de haberme mentalizado de antemano que algunos pabellones superhit, como el de Japón o el de Kazakhstán, no los iba a ver porque no estaba dispuesta a esperar en una cola de una hora y media bajo el fuertísimo sol del setiembre milanés, mucho menos 4 o 5 horas como está estipulado para el de Kazakhstán. No way.

De todos modos la suerte, el destino o simplemente el clima me apoyaron en este día, que no sólo fue uno de los primeros menos calurosos de los últimos dos meses sino que además no fue tan soleado.

Como decía, durante la hora que puede llevar todo el proceso de ingreso (si no se tiene ya el boleto ni fast pass) se trata sólo de gente, gente y más gente. Por suerte los dos años y medio en China me prepararon psicológicamente para el movimiento en cardumen.

Expo 2015Expo 2015

Si bien la Expo está distribuida bastante racionalmente en dos ejes, la llegada es bastante poco clara, y a uno le cuesta entender si está entrando por la calle principal o las laterales o qué. De todos modos llegar se llega.

Y nos reciben antes que nada algunas estatuas inspiradas en las pinturas de Giuseppe Arcimboldo, pocas cosas más italianas y relacionadas a la comida.

Expo 2015

En fin, como decía, la exposición está organizada en base a dos ejes, cardo y decumano, (norte-sur y este-oeste respectivamente), bases urbanísticas de la antigua Roma. El eje principal era el decumano y sobre el cardo, dedicado a Italia y rematado por el Arbol de la Vida, se ubicaban los pabellones de las diferentes regiones, provincias o empresas italianas.

Mi prioridad era básicamente visitar los pabellones de países donde no he estado para inspirarme, seguido por (obligatoriamente) el pabellón de Uruguay, y por último pabellones que me parecieran especialmente interesantes pero para los cuales no se necesitara hacer mucha cola.

Empecé por el extremo oeste del decumano con la intención de recorrerlo velozmente de punta a punta para tener una idea general de la cosa y después desandar mis pasos tranquilamente, parando en los pabellones según mi orden de prioridades.

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Así fue como inmediatamente a la derecha me encontré antes que nada con el pabellón dedicado a la Construcción del Duomo, emblema de Milán y coronado por el menos conocido para los extranjeros pero más aún adorado por los milaneses: la Madonnina. Che te brillet de lontan.

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A pesar de mi sentido amor por Irlanda, tuve que pasar del pabellón, o mi día expo corría peligro de convertirse velozmente en un día Guinness. Uno de los más interesantes para grandes y chicos era el pabellón brasilero, pero como soy una señorita y vestía pollera ese día, me abstuve.

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El cluster del arroz, paraíso de los selfistas (entre los cuales me incluyo, encuentren a Wally) y el cluster de cacao y chocolate (otra abstinencia en nombre de la figura).

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Tengo que admitir que lo de los cluster no me llamó mucho la atención (lindos por fuera pero cada mini-pabellón era digno de un mercadillo para turistas con cosas a precio inflado mínimo al 800% respecto a los precios reales en el lugar de proveniencia), así que también pasé del cluster del café y del de frutas y legumbres:

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Azerbaiyán es un país donde nunca he estado y que me genera muchísima curiosidad, pero lo tuve que descartar porque no cumplía con el requisito “poco tiempo de espera para entrar”. Como diseño rescato la pantalla de listones de madera ondulantes. La bola de vidrio le da el feeling “ex miembro de la URSS”.

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El de Emiratos Árabes me gustó mucho, claramente remitiendo al desierto no sólo en la textura si no también en las formas sinuosas y extremadamente sencillas. El hecho de que no se pudiera ver nada de lo que estaba sucediendo dentro me generaba una curiosidad increíble, pero no cumplía con el criterio “país donde aún no he estado”.

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Creo que el de Kazakhstan era el non-plus-ultra del estilo “ex miembro de la URSS” con espejitos y la cantante pop incluidos. Ninguna de las dos cosas lograron ahuyentar a la gente, y este pabellón era uno de los más solicitados.

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A lo largo del decumano había dispuestos diferentes stand que mostraban los productos típicos de Italia como el pan, el queso, los embutidos, etc. Me parecía una idea interesante hasta que me acerqué y vi que todo lo expuesto era de plástico al mejor estilo Disneyworld. Vaya desilusión, y se ve que no fui la única, porque no se caracterizaban precisamente por estar rodeados de un enjambre de gente…

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También el pabellón mejicano resultó ser uno de los más populares, aunque esas formas tipo hoja/pétalo se parecían demasiado a las del pabellón Alemán. ¿O viceversa? Rumania, por otro lado, es un país que fervientemente desearía visitar y además no había larga cola de espera para entrar, pero tengo que admitir que el pabellón, ese híbrido torta-sobre-torta entre construcción tradicional y minimalismo modernoso, no me inspiraba.

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Y así, como quien no quiere la cosa, llegué al cardo, en el que no podían faltar Lavazza, Martini (creo que originalmente la intención era una fachada verde, pero quizá pudo más el infernal verano milanés 2015) y el vino en todas sus expresiones (y consecuencias).

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Obviamente la mayoría de las regiones y algunas provincias tenían su propio mini-pabellón, y por razones sentimentales gravité naturalmente hacia el de Piacenza, lugar de origen de mi familia materna, tierra de los tortelli, el pisarei a fasö, el gutturnio frizzante y los embutidos en general. En el momento de mi pasaje estaban haciendo una demostración de cómo se hace la pasta fresca.

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Siguiendo el cardo en dirección al Árbol de la Vida pasamos por el emblemático Palazzo Italia, diseñado por Nemesi&Partners, pensado como un híbrido entre arquitectura y escultura, en el cual la fachada representa el entrecruce de las ramas de los árboles. No me produjo ningún impacto en particular, demasiado efectismo y poca sustancia en mi opinión.

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Y el cardo está rematado por el gran protagonista de toda la expo, el amado por muchos y odiado por otros tantos Árbol de la vida. Tuve el gusto de verlo sea de día que durante los fuegos artificiales de medianoche y admito que tiene su gracia.

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Con esto terminamos la primer etapa de la travesía por la Expo 2015, y ni siquiera entré a un solo pabellón, así que queda aún mucho para contar en los próximos bites.

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