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En el último post nos habíamos quedado observando embobados el espectáculo de luz y color a la medianoche en el Árbol de la Vida, pero es hora de seguir avanzando, y entramos en una zona que, a mi parecer, a nivel organizacional está un poco marginada pero que vale la pena explorar de todas formas.

Allí se encontraban el pabellón Love It, diseñado para Copagri por EMBT, que contenía diferentes mostradores donde semana a semana se turnaban productores de toda Italia para exhibir y hablar de productos típicos italianos. La idea de la estructura era de prácticamente generar una cúpula que diera la idea/sensación de estar a cielo abierto como los mercados callejeros italianos, pero protegiendo físicamente el interior de las inclemencias del tiempo. Por eso los diseñadores propusieron una estructura híbrida de madera (que a su vez tiene unas dimensiones tales a modo de dar sombra al interior) y paneles de PVC que cubren los huecos entre la estructura de madera, permiten el pasaje de luz y protegen a su vez de la lluvia y el viento.

Expo 2015

A unos pasos nos encontramos con el gran dragón rojo de la expo: el pabellón de China Vanké. Si no fuera tan obvia la asociación diría que últimamente estoy viendo demasiados capítulos de Hannibal. Con todo respeto, pero para una amante del diseño de pabellones todo ese espacio desperdiciado me hace doler un poco el alma. Además me resisto a la forma obviamente resultante de un momento de jugueteo con diferentes efectos que ofrece un programa de proyectación 3D.

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A pesar de todo no es tan inquietante como el pabellón de New Holland, que tiene esa seudo-colina sobre la cual está aparentemente suspendida un tractor de unas cuantas toneladas. Digo aparentemente suspendida como podría decir aparentemente viniendo colina abajo para aplastar a todo aquel que no salga de su camino o que se esté bañando en el seudo-tajamar…¿en pendiente?

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El pabellón de Coca-Cola es todo lo pop que uno se puede esperar, con la silueta de la botella y el logo repetidos ad infinitum (hasta en las sillas, por el amor del cielo), todo coloreado con el clásico rojo.

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Más al fondo encontré un par de joyitas como el clúster Islas, mar y comida.

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Sin duda alguna el clúster Zonas Áridas, no solo era deliciosamente fotogénico sino que también deliciosamente aromático. Esta amante de la cocina árabe fue muy feliz olfativamente, una pena que el calor me quitara el apetito, a pesar de que el cluster ofreciera sombra y corrientes de aire fresco que aliviaban el calor.

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Y bueno, como el deber del cronista es mostrar lo bueno, lo lindo, lo malo y lo feo, les presento el pabellón de Alessandro Rosso, un grupo que se dedica al marketing y promoción de eventos, exhibiciones, viajes y congresos. El pabellón fue construído en 40 días y estaba diseñado para ser desmontado y reutilizado (desde que ha terminado la Expo no he ido a controlar si efectivamente fue así o era todo publicidad; si algún lector sabe qué fue de la vida de este pabellón, que avise). Oremos para que su próxima reencarnación sea más estéticamente placentera.

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Y así termina mi recorrido por la “periferia” de la expo, e inicia el recorrido por el decumano, eje principal a lo largo del cual se desarrolla la exhibición. Me encuentro primero con el pabellón del Reino de Omán, que recuerdo me produjo un primer impulso de entrar pero por algún motivo que ahora no recuerdo lo abandoné, y creo que tenía mucho que ver con el estilo Disneylandia del pabellón.
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El de Indonesia, sin embargo, cumplía con las condiciones de ser interesante, sin cola y ser un país que me gustaría visitar, así que me mandé, pero igual de atractivo que se veía desde el exterior, era de decepcionante dentro.
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Excepto por la muy rescatable mesa de las especies.

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Después del touch & go en el pabellón de Indonesia me adentré en el de Turkmenistán, con toda su parafernalia ex URSS, espejos, megalomanía y arabescos, esa mezcla exquisita ruta-de-la-seda de mongoles, soviéticos y árabes.

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Después de eso pasar a Estonia es un cambio poco menos que abismal. El pabellón estonio es todo diseño escandinavo con su minimalismo, autismo y toques de genialidad.

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Empezando por los sofás semi-autistas (con mini-ventanucas para de todas formas mantener el control sobre lo que nos rodea), pasando por los rincones de contemplación autista al maravilloso jardín suspendido que invitaba a sentarse y escuchar el cantar de las diferentes especies de aves, con algunas “cabinas de avistamiento” a través de las cuales se podía obtener información de las diferentes especies y ver videos de las aves en su estado natural.

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A todo eso le sumamos las diferentes cabinas con juegos interactivos y unas terrazas con vistas espectaculares de los entornos y tenemos una fórmula ganadora.

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Tengo que admitir que de Rusia no me esperaba una cosa con tanto gusto y tan interesante por lo cual dejaremos pasar algún que otro detalle kitsch/soviético. Obviamente la megalomanía y la cosa espejada no podía faltar, pero lograron conjugarlo en un único gran gesto que yo apodé la gran ménsula espejada rusa.

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El interior del primer piso estaba salpicado de paneles retroiluminados con diferentes temas como por ejemplo la planta que porduce determinado grano, o los diferentes elementos químicos que en esencia es lo que consumimos cuando comemos.

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Uno que otro poster de propaganda soviética es inevitable.

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Y se apreció la muestra de objetos tradicionales no-kitsch.

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La reina del segundo piso era una pantalla cóncava sobre la cual se proyectaban imágenes a vuelo de pájaro de Milán (como el momento en el que saqué la foto) o ciudades rusas que me hizo dar unas ganas locas de volver a ese país tan cercano e igualmente tan extraño.

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Termino esta etapa con dos pabellones que sobrevolé en el sentido de que pasé velozmente pr delante sin entrar, el de Eslovaquia (quizá porque no me parecía particularmente interesante) y el de Qatar, país que sobrevolé en el cual aterricé tantas veces y además cuna de mi aerolínea preferida, pero que nunca tuve la verdadera oportunidad de visitar. Lamentablemente, esta fue otra de esas veces: la cola era demasiado larga. A no desesperar, no faltará oportunidad, Qatar.

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